
Fotos: EFE
Así lo ve el "Polaco"
Debe ser que no soy un letrado.
Porque buscar más adjetivos para dimensionar el espectáculo de apertura de los JJOO de Beijing se me hace imposible. Apoteósico, infartante, increíble. Permí-tanme esta semana comentarles algo contingente y ocupar el deporte como excusa para aquello.
De un tiempo a esta parte, China nos está preparando lentamente para darnos a entender que se convertirá en potencia mundial. Muy de a poco y mostrando una cara amable, los chinos se hacen presente en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Ropa, juguetes, electrodomésticos, automóviles y mucho más.
Y qué mejor que usar el deporte como medio de difusión. En un tema tan transversal como este, China quiere y debe demostrarle al mundo que está a la altura de los grandes y puede ser considerado como tal. A nivel organizacional, no ha defraudado.
Sin embargo, han caído en la misma dinámica, viciosa y falsa, de otras potencias mundiales. La de ocultar grandes temas que preocupan y meten ruido. Un país comunista, pero con economía abierta, sonriente para recibir a los miles de atletas, pero represivo con la gente que piensa distinto. Un Estado que crece a tasas asombrosas pero que no lo refleja en la calidad de vida de su gente.
La contaminación, la libertad de expresión y culto son temas que quedarán pendientes por mucho tiempo, por lo menos hasta que logre su objetivo de ser la primera potencia. Pero ahí están, organizando estos JJOO, gastando 70 millones de dólares en la ceremonia de inauguración. Invirtiendo más de 3 mil millones de dólares en infraestructura y horas/hombre. En resumen, un gigante que se hace cada vez más grande.
Quizás lo más interesante para el mundo chino es cambiar un paradigma del mundo occidental que los ha perseguido durante muchas décadas. La cultura desechable. Recuerdo cuando era niño que las cosas hechas en China o Taiwán eran para el rato y nada más, pobre de mí que fuera a encariñarme con un juguete de esa procedencia, porque la pena venía junto con la falta de garantía.
Incluso hoy, con la lluvia de productos (muy baratos por lo demás) uno se pregunta ¿durará? Al parecer, toda la maravilla inevitablemente viene acompañada de la duda. La misma que me planteo cuado pienso y proyecto el inevitable dominio de los asiáticos.
Lamentablemente, la historia muestra que las grandes superpotencias tienden a crecer a un alto costo social propio o ajeno. Por ejemplo, Rusia y Estados Unidos.
Con sus claras virtudes y sus ocultas, pero no menos importantes debilidades, la ceremonia inaugural donde se prendió la llama olímpica nos dejó con la boca abierta, nos hizo olvidar la evidente polución que viven y demostró que la rigurosidad y disciplina es lo suyo.
En la apertura me quedó la sensación y la idea de que la perfección sí existe.
Eso sí, made in China.
Rodrigo Goldberg, ex futbolista y comentarista del Canal del Fútbol



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